Programa de Investigación y Formación “Configuración de subjetividades y constitución de memorias sobre la violencia política en América Latina"

cuento para no olvidar

El programa lo constituyen dos campos, uno de investigación y otro de formación. Actualmente, se desarrolla a partir de iniciativas investigativas provenientes tanto de los profesores que integran el Grupo de Investigación Educación y Cultura Política como de estudiantes que se encuentran inscritos en el programa en calidad de tesistas en la maestría y el doctorado, y en trabajos de grado en la especialización y la licenciatura de la Universidad Pedagógica Nacional. De este modo, los esfuerzos se concentran en el desarrollo de proyectos de investigación, en la oferta de seminarios teóricos sobre el campo de formación del programa y en los procesos investigativos abordados en los trabajos de tesis y de grado. Obviamente, habría que agregar los esfuerzos de socialización de los avances investigativos en publicaciones seriadas y en diversos eventos nacionales e internacionales.

Propósitos del programa de investigación y formación

 

  • Propiciar investigaciones alrededor de las memorias sobre acontecimientos de violencia política y cómo éstas configuran en los individuos y colectivos procesos de subjetivación y de formación ético política.

  • Formar un grupo de jóvenes y maestros investigadores, tanto a nivel de maestría y doctorado, como de especialización y licenciatura con soportes teóricos y metodológicos de carácter interdisciplinario para indagar y producir teoría e incidir en contextos y procesos de formación.

  • Comprender el papel de la memoria en la constitución de identidades y su incidencia en la configuración de subjetividades.

  • Caracterizar diferentes escenarios y soportes de la memoria en torno a fenómenos de violencia política.

  • Identificar y comprender, en las narraciones de jóvenes y maestros, las huellas de situaciones de violencia política.

  • Formular un programa de formación ético-política desde una pedagogía de la alteridad y de la memoria.

 

 

Delimitaciones Conceptuales

 

Los miembros de una sociedad experimentan o experiencian procesos de individuación que los configuran como sujetos, en un movimiento pendular incesante por medio del cual se apropian, recrean y reelaboran a través de prácticas sociales y de su interacción con los otros sujetos, las significaciones culturales que les permiten comprender y procesar sus experiencias, darle sentido a sus actuaciones y delimitar los términos de sus interacciones sociales. De esta manera, sus subjetividades van siendo moduladas a la luz de complejos dispositivos de subjetivación a través de los cuales los individuos se constituyen en determinado tipo de sujetos en contextos históricos y culturales específicos. Lo anterior no quiere decir, en ningún momento, que se llega a ser sujeto de un modo definitivo; en verdad, el término que mejor expresa esta idea es el de devenir, en tanto alude a la constitución del sujeto como un proceso continuo, dinámico e inacabado, en permanente interacción con la cultura.

 

Si buena parte de lo que somos como género humano tiene relación con la capacidad de acumular los conocimientos y los aprendizajes a lo largo de siglos y de complejos procesos de intercambio generacional, la memoria le ha permitido a la humanidad la conservación, transmisión y recreación del bagaje social y cultural acumulado en el devenir histórico. En este sentido, se torna pertinente señalar su papel como articuladora de los múltiples sentidos de la experiencia y de las prácticas sociales, así como de las percepciones de temporalidad implícitas en dichos procesos y del papel jugado por la narrativa.

 

Las prácticas de recuerdo y olvido se constituyen en mecanismos culturales selectivos que permiten a las sociedades y a los individuos dar sentido y continuidad a su existencia, pudiendo situar dentro de un mismo entramado las experiencias pasadas con las actuales y, al mismo tiempo, tener una proyección, una expectativa que avizore el horizonte futuro.

 

Las subjetividades han de ser pensadas no sólo desde el ángulo de las sujeciones y restricciones a la libertad sino también desde el de las potencialidades; paralelamente, una pedagogía de la memoria buscará potenciar de la mejor manera los recuerdos y olvidos individuales y sociales a favor de subjetividades reflexivas y críticas que se apropien de manera creativa del bagaje social acumulado y sepan tomar distancia de aquello que no consideren pertinente. Lo importante del análisis y la comprensión de lo que somos en la actualidad cobra relevancia en la medida en que nos impele a pensar acerca del por qué hemos llegado a ser lo que somos no sólo como individuos sino también como sociedades y, en esta misma medida, podemos preguntar cómo dejar de ser aquello que los poderes estatuidos nos han impuesto como lo que deberíamos ser.

 

La constitución de la subjetividad política y las formas de socialización inscritas en entramados que atañen a la cultura política, se comprenden a partir de las narraciones y experiencias de reconocimiento de los sujetos. En tal sentido, la perspectiva investigativa es de naturaleza hermenéutica, interpretativa-comprensiva.

 

Las culturas políticas se entienden como reservorios de experiencias sociales que configuran matrices semánticas de comprensión común, en relación con el orden social, en donde los sujetos inscriben sus prácticas para darles sentido. Entran en confrontación y readecuación en la arena pública o en otros escenarios del mundo de la vida, a través de procedimientos intersubjetivos de disputa y de negociación en los que se juegan procesos de subjetivación política.

 

La violencia política se ejerce como medio de lucha político social, ya sea con el fin de mantener, modificar, sustituir o destruir un modelo de Estado o de sociedad o con el de destruir o reprimir a un grupo humano con identidad dentro de la sociedad por su afinidad social, política, gremial, étnica, racial, religiosa, cultural o ideológica esté o no organizado.

 

Los sujetos que experiencian procesos y dinámicas de violencia política y se configuran a través de acontecimientos y prácticas en las que se despliega un repertorio de actores, tecnologías, saberes, discursos y significaciones que coadyuvan a formar matrices simbólicas en torno a lo ético-político; es decir, unos modos de comprender lo humano y las formas del tejido social y el lugar que cada sujeto tiene dentro de éste.